Lo urgente se vuelve incómodo. Lo incómodo se convierte en material de burla.
Así funciona muchas veces la lógica mediática y digital: suavizar lo grave, entretener con lo importante. La escena satiriza cómo la verdad se disuelve entre risas, filtros y frases vacías.
En redes, esto pasa cada día: una denuncia se convierte en meme, un desastre se transforma en trend.
Los memes y los videos virales son hoy la lengua franca de internet. Expresan lo que sentimos, nos hacen reír, compartir y conectar. Pero también, cuando se usan para cubrir o trivializar hechos graves, tienen un costo silencioso: distorsionan la verdad, banalizan el dolor y reemplazan el pensamiento crítico con una reacción superficial.
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